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La Coctelera

SínDeTon

26 Noviembre 2011

SOLA

-Uno, dos, tres, cuatro,... uno, dos, tres, cuatro,... uno, dos, tres, cuatro,... uno, dos, tres, cuatro...

Era así como se pasaba los días, contando una a una las paredes que se unían a su alrededor formando un cubo perfecto donde podía esconder sus rasgados recuerdos. Cuando la vio por primera vez, ya llevaba años trabajado como psicóloga y nunca había sentido ese desconcierto e inseguridad ante un nuevo proyecto. Tranquila, se sentó en el rincón más lejano de la nueva paciente y examinó cuidadosa las gesticulaciones y el comportamiento. Advirtió que parpadeaba una sola vez cuando acababa de contar, y le dio la sensación de fatiga, como cuando uno se cansa y necesita tomar aliento. "¿Que estará pensando? No entiendo nada los números no suelen tener ningún significado, no, al menos que tengan que ver con la edad. Está demasiado sumergida en su mundo como para darse cuenta que la estoy observando aunque, aun si lo supiera tampoco me serviría de nada si no deja de contar … la pobre tampoco mueve los labios y mantiene el ritmo de la voz, parece como si los sonidos le salieran del fondo de la garganta en vez de la boca, cuerpo rígido y manos enlazadas como si fuera a rezar pero,¿por qué cuatro?” Decidió salir después de dos horas y media. Mientras se colocaba la bufanda de color marrón al cuello, pensaba en la perdida de tiempo que supone hacer un seguimiento diario a una persona que no conoce más que cuatro palabras. Sabia que fuera la estaría esperando Odell, y en un trance de melancolía se apoyo en la pared del pasillo y se dejo deslizar hasta sentarse para poder poner en orden sus pensamientos.

-Antia! ¿qué haces allí sentada? ¡Va, vamos a comer! ¿Qué tal el primer día de trabajo? Espera que te ayudo a levantarte. Dame el bolso y cogeme de la mano.

Cariñosamente le da un beso en la mejilla y la abraza, inconsciente de la angustia que su novia sufría en sus entrañas. Durante la comida no tuvieron demasiada conversación debido a la debilidad psíquica que Ivy había producido en ella. De repente se sentía mal por tener tantas comodidades y haberlas despreciado."por qué este sentimiento de culpabilidad?" En su interior se había fijado la imagen de una niña aparentemente frágil de facciones débiles, pero de una severidad incomprensible. Esas cejas anchas y pronunciadas en un rostro fino y delicado le recordaba a ella con veinte años. "Era feliz..." Una sonrisa tímida se acomodaba en las comisuras de sus labios mientras Odell le contaba la dura mañana que había pasado en el trabajo. No entendía nada. Ni siquiera le importaba.

-¿En qué piensas?

-¿Te has preguntado alguna vez por qué vivimos en un mundo de comodidades y de silencios?...¿Te has dado cuenta de cuantos tabú-es existen aún en el mundo y que nos afectan directamente aunque neguemos su existencia y decidamos no hablar de ello? -No entiendo a que viene eso. Claro que he pensado en porque no dejo que conozcan todos mi verdadero yo, y siempre me escondo tras una mascara, y realmente eso es lo que más tememos. Me refiero a que todos somos personas, y que todos anhelamos mostrarnos frágiles, débiles, e inseguros y lo hago o mejor dicho, lo hacemos por miedo a que otros nos hagan daño. También he intentado buscarle fundamento a los miedos interiores que sentimos sin aparente razón, pero no se muy bien a que te refieres. De verdad. ¿Te ha pasado algo? ¿Te impacienta algo?

-Dejalo. Es que creo que me han dado un caso difícil y no se por donde empezar, que preguntas he de plantearme y he de resolver. Es una chica de casi veinte años y lleva allí tres semanas. En su ficha pone que sufre varios trastornos psicológicos, pero yo no lo veo así. No creo que sean trastornos. No sé que es, pero los trastornos se manifiestan con demencia y cambios de humor, o deformación de la realidad en cuanto a espacio, tiempo y lugar, pero ella sabe donde esta. Es consciente de su entorno, pero al estar sumergida en ese delirio de números no tiene cambios de nada, ni siquiera de gestos. Dicen que no habla, que esta como en un estado de shock.

Después de dos días volvió a visitarla y no notó cambios en la actitud de Ivy. Seguía contando las paredes de una en una. Esta vez se acercó a ella intentando mirar lo que ella miraba. Siempre empezaba a contar por la pared que tenia ventana, luego lade la puerta, la pared vacía y finalmente de la cama. Cada una de ellas parecía tener un significado privado, oculto, íntimo,... pero no. Antia paso todo el fin de semana pensando en los posibles significados y a base de galletas, libros teóricos, simbología numerica, llegó a la conclusión que la mejor forma seria hablar con ella aunque no le hablara. Queria contarle cosas, enseñarle como hacer la cama, leerle algún libro de mitología griega, como si fuera un bebé que aun no ha aprendido a hablar y la madre es demasiado desconfiada y quiere que su pequeña aprenda esas historias en vez de los cuentos de princesas y galanes machistas que se comercializan en el mundo. Empezó por leerle versiones infantiles sobre musas y ninfas, como sobre centauros y medusas y no vio ningún cambio aparente en ella. No la escuchaba. Ni la miraba. Seguía contando las paredes de la habitación con la misma pasividad de siempre y para colmar la desesperación de Antia, ni siquiera elevaba el tono de voz o aceleraba la entonación cuando ésta le leía algo. Parecía eternamente ofuscada en esas cuatro palabras. Su cerebro se había atascado ahí, y no tenia intención de volver al encuentro con el mundo real. Ni gesticulaba ni fruncía el ceño. Nada. Llevaba así más de un mes, y no lograba un progreso con la paciente ni positivo ni negativo. Los informes que entregaba a dirección siempre decían lo mismo, "...ha estado frente a la ventana, contando, y no muestra interés alguno con las lecturas y los estímulos externos provocados hoy, día..." "...sentada en el suelo durante tres horas iba contando las paredes, sin percibir ninguno de los incentivos llevados a cabo hoy, día..."

Ivy es la pequeña de su familia, y antes de encerrarla allí se había escapado de casa y nadie pudo encontrar a su familia; quizás por que no la buscan. Lo único que tengo es el informe de la policia, el médico y del juzgado que la remiten aquí. Fotos, nombre, direción y DNI. Ni rastro de la familia. Nada. ¡se han esfud¡mado! Nadie la conoce nadie quiere saber nada de ella, todo es como si nunca hubiera existido, pero tiene nombre y casa...”

Pasaban los dias sin progresos, sin desahogos mayores que unos fragiles suspiros, y por fin decidió contarle la ruptura con su novio. Odell la había abandonado unos días antes, recriminándole que estaba demasiado involucrada en la vida de sus paciente, y él no era su paciente.

- ¿Sabes?, aunque no me escuchas y no me vayas a contestar, te contaré algo. Te diré qué hay allí fuera, y que no te estas perdiendo nada. Te envidio por estar aquí, al margen de toda crueldad humana y protegida de la hipocresía urbana. No hablas, no discutes, no piensas en como te ven los demás y que opinión pueden llegar a tener sobre ti. Supongo que tendras tu historia, puede que sea grave, no lo sé... el caso es que estas aquí, y me pareces valiente, ¡te has encerrado en ti para protegerte! Yo me paso horas siendo tu e intentando pensar como tu!... es mi trabajo ser tu para descubrir quien eres y de donde vienes,... para saber que te ha pasado y por que estas sola, depresiva... Me gustaría que me enseñaras a escaparme de la realidad por que en este momento no quiero saber quien eres tu, sino quien soy yo. Ya no sé quien soy...

Mientras se secaba las lagrimas con un pañuelo, Ivy dejo de contar las paredes y se acercó a ella sonriendo. Le dio un beso en la frente. Pero antes de que Antia pueda decir nada, ésta volvió a contar en sentido de las agujas del reloj las paredes de a habitación. Antia la miraba con amor maternal, porque en ese momento entendió la enfermedad de Ivy.

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No mucho que decir... Me considero persona con ciertas inquietudes personales, no muy implicada socialmente, pero de caracter fuerte...

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